Weldon Kees

A veces me dejo llevar por esa Biblioteca de Babel en que se ha convertido Internet y que ya anticipara Borges, y desde un blog voy a otro a traves de enlaces y etiquetas, descubriendo nuevos recorridos. Así es como llegué a Weldon Kees. Un poeta norteamericano que desarrolló toda su obra en la primera mitad del siglo XX. Hombre polifacético y rebelde, pintor y autor de algunos cortos experimentales en los que también compuso la música, acabó su vida de un modo abrupto y misterioso. El 19 de julio de 1955, en el puente de Golden Gate de San Francisco, se encontró su Plymouth Savoy (el clásico coche de la época) con la puerta del conductor abierta y las llaves puestas en el contacto. Cuando sus amigos fueron a su apartamento, solo encontraron a su gato “Lonesome” y un par de calcetines rojos en el fregadero. Sus cuentas y pertenencias habían desaparecido. Ni una sola nota de despedida.

 

Y aún no se sabe si despareció para siempre para cruzar la frontera de México, o si simplemente saltó al vacío desde el puente.

 

Quien sabe…

 

 

Covering Two Years

 

This nothingness that feeds upon itself:

Pencils that turn to water in the hand,

Parts of a sentence, hanging in the air,

Thoughts breaking in the mind like glass,

Blank sheets of paper that reflect the world

Whitened the world that I was silenced by.

 

There were two years of that. Slowly,

Whatever splits, dissevers, cuts, cracks, ravels, or divides

To bring me to that diet of corrosion, burned

And flickered to its terminal. Now in an older hand

I write my name. Now with a voice grown unfamiliar,

I speak to silences of altered rooms,

Shaken by knowledge of recurrence and return.

 

 

Por el lapso de dos años

 

Esta nada que se alimenta de sí misma:

lápices que en la mano se hacen agua,

partes de una oración que cuelgan en el aire,

pensamientos que irrumpen en la mente

como a través de un vidrio roto, páginas

en blanco que del mundo son reflejo, tiñeron

de blanco el mundo que me silenció.

 

Hubo dos años de eso. Lentamente,

aquello, lo que sea, que se parte,

se desarma, se corta, se enmaraña, se raja

o se divide para impulsarme a esa dieta

de corrosión, ardió y luego parpadeó

hasta el final. Ahora, con letra más madura,

trazo mi nombre. Ahora, con la voz extrañada,

les hablo a los silencios de cuartos alterados,

sacudidos por el conocimiento

de la repetición y del retorno.

 

 

Traducción: Ezequiel Zaidenwerg

http://zaidenwerg.blogspot.com/

 

Weldon Kees

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