Cosas de fútbol

Cuando era todavía un canijo de seis o siete años mi padre me hizo socio del Real Madrid. Todos los domingos iba con él a ver los partidos del equipo de la ciudad, a un campo de tierra apenas delimitado por una especie de arcos de metal que poco o nada aislaban del campo. Allí más que a ver el partido, iba por no quedarme en casa solo y salir un poco a tomar el sol. Mis recuerdos de esos domingos son los hormigueros que lograba descubrir, los juegos con palos y piedras y, alguna vez, el griterío al marcar un gol y mi giro de cabeza para observar ya el balón al fondo de la red. Pero como tenía muy pocos amigos seguía yendo cada domingo al partido de fútbol. De ahí a los domingos por la tarde a ver el fútbol en grande había solo un paso. Pero salvo momentos puntuales no recuerdo con agrado aquellos domingos. Incluso a veces me rebelaba y exigía mi opción de quedarme en casa. Solo con el paso del tiempo he podido comprobar que gracias al fútbol logré acercarme a mi padre como nunca lo hubiera hecho por cualquier otro cauce.


Aunque claro, el poso me quedó de forma irremediable y casi instintivamente asociaba el Real Madrid a mi padre y a mi familia. Porque, como él, toda mi familia participaba de ese sentir. Y me refiero a mis abuelos y a mis tíos, a mis primos. Decir que eras del equipo contrario era casi convertirte en la oveja negra. Por supuesto no te iban a dejar de invitar a comuniones ni a desterrarte a algún país lejano pero era un ir contracorriente que salvo algún rebelde (más por el mismo sentido de rebeldía que porque le gustara más o menos el fútbol). Y precisamente era ese sentimiento no de rebeldía sino de pertenencia a un grupo lo que me aferró aún más al equipo blanco. Y sufría por verle perder. A veces demasiado. Por suerte en mi infancia la quinta del buitre campaba a sus anchas y, el ahora invencible y casi excelso Barcelona, pasaba sin pena ni gloria por los campos.

Con los años aprendí a relativizar los resultados y practiqué una máxima que hasta el día de hoy me ha venido francamente bien:

Alégrate hasta la locura cuando gana tu equipo; mantente indiferente ante la derrota.

"El buitre"

Y mañana, la segunda parte: Tipologías del aficionado

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