Deseos

Fue hace ya demasiado tiempo que no quiero recordar cuanto… A mi memoria se me vienen flashazos de una estación de tren, un viaje con mi familia hacia algún lugar inconcreto de la geografía nacional y la, para mí, siempre difícil decisión de elegir un par de cómics para leerlos durante lo que durara el trayecto (Decisión que aun hoy arrastro a la hora de comprar libros y cómics…). Pero, como sucede tantas veces, quería lo que no podía obtener. Y es que resulta que justo delante de mí un niño, desde ese punto de vista de envidia infantil, había comprado justo el cómic que estaba buscando. ¡Justo ese! Era de “Mortadelo y Filemón”, casi mis únicas lecturas en aquel momento, y envidiaba ese tebeo con la pasta roja y reluciente. Y con la ingenuidad o la increíble magia de el espíritu infantil deseé ese cómic con todas mis fuerzas. Lo deseé y lo imaginé en mis manos. Sucedió que cuando volvía con mi padre de la cafetería del tren… allí estaba. El cómic sobre uno de los asientos, solo, sin nadie que pudiera reclamarlo. Dudé unos instantes en cogerlo. De hecho, fue mi padre el que lo hizo y me lo entregó observando la suerte que había tenido de que alguien se lo dejara allí. Pero yo sabía que no había sido suerte… Que estaba allí porque lo había deseado con todas mis fuerzas. O eso es lo que yo quiero creer.

Hoy, cuando estoy sin ganas y desesperanzado, recuerdo ese viejo tebeo y comienzo a desear con todas mis fuerzas… esperando que vuelva a dar resultado. 

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