El señor de las moscas (1954), William Golding

Un accidente de avión. Una isla desierta. Y un grupo de adolescentes aislados de la civilización. Así comienza una historia única, de las denominadas de aprendizaje o de transición a la vida adulta, pero que es mucho más que eso.

Es una novela sobre la condición humana, sobre la pérdida de la inocencia. De forma alegórica Golding nos muestra el choque entre el instinto salvaje que destruye el orden, representado por Jack; contra la armonía y la civilización representado por Raphl. La bondad (Simon), la cordura de la sociedad (Piggy), el pueblo común (los más pequeños) serán también otros elementos que aparecen representados.

Una caracola para ejercer el orden. Un jabalí ensartado en un vara afilada, un fuego al que mantener dará demasiados problemas, un suceso macabro y oscuro…

Fragmento:

Estaba de pie, en medio del polvo desencadenado por la lucha, y cuando la tribu advirtió su intención los vítores se transformaron en un prolongado abucheo. Piggy alzó la caracola; el abucheo cedió un poco para surgir después con más fuerza.

—¡Tengo la caracola!

Volvió a gritar:

—¡Os digo que tengo la caracola!

Sorprendentemente, se hizo el silencio esta vez; la tribu sentía curiosidad por oír las divertidas cosas que diría. Silencio y pausa; pero en el silencio, un extraño ruido, como de aire silbante, se produjo cerca de la cabeza de Ralph. Le prestó atención a medias, pero volvió a oírse. Era un ligero «zup». Alguien arrojaba piedras; era Roger, que aún tenía una mano sobre la palanca. A sus pies, Ralph no era más que un montón de pelos y Piggy un saco de grasa.

—Esto es lo que quiero deciros, que os estáis comportando como una pandilla de críos.

Volvieron a abuchearle y a guardar silencio cuando Piggy alzó la blanca y mágica caracola.

—¿Qué es mejor, ser una panda de negros pintarrajeados como vosotros o tener sentido común como Ralph?

Se alzó un gran clamor entre los salvajes. De nuevo gritó Piggy:

—¿Qué es mejor, tener reglas y estar todos de acuerdo o cazar y matar?

De nuevo el clamor y de nuevo: «¡Zup!».

Ralph trató de hacerse oír entre el alboroto.

—¿Qué es mejor, la ley y el rescate o cazar y destrozarlo todo?

Ahora también Jack gritaba y ya no se podían oír las palabras de Ralph. Jack había retrocedido hasta reunirse con la tribu y constituían una masa compacta, amenazadora, con sus lanzas erizadas. Empezaba a atraerles la idea de atacar; se prepararon, decididos a llevarlo a cabo y despejar así el istmo. Ralph se encontraba frente a ellos, ligeramente desviado a un lado y con la lanza preparada. Junto a él estaba Piggy, siempre en sus manos el talismán, la frágil y refulgente belleza de la caracola. La tormenta de ruido les alcanzó como un conjuro de odio. Roger, en lo alto, apoyó todo su peso sobre la palanca, con delirante abandono.

La roca dio de pleno sobre el cuerpo de Piggy, desde el mentón a las rodillas; la caracola estalló en un millar de blancos fragmentos y dejó de existir. Piggy, sin una palabra, sin tiempo ni para un lamento, saltó por los aires, al costado de la roca, girando al mismo tiempo. La roca botó dos veces y se perdió en la selva. Piggy cayo a más de doce metros de distancia y quedó tendido boca arriba sobre la cuadrada losa roja que emergía del mar.

Fotograma de la película basada en la novela

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