Rutinas

Caminaba de un lado al otro del andén a pasos largos y lentos, esperando a que el indicador que colgaba sobre mi cabeza indicara que el tren ya se acercaba. Escuchaba la radio. Sonaba “Dancing in the dark” de Springsteen. La caras se veían tristes y somnolientas, expectantes como si estuviéramos en el rodaje de una película en la que estuviera a punto de suceder algo dramático o extraordinario. Pero el tren llega y nada ocurre. Frena, abre sus puertas, entramos. Me siento frente a una chica joven, de rasgos suaves, pelo corto, gafas negras de pasta. Nos sonreímos.

Nada más sucedió.

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