“Gentleman Jim”, Raymond Briggs (1980)

Jim solo quiere salir de su rutina. Iniciar una nueva vida que le reporte emociones, desafíos, nuevos retos. Y se pone a buscar en el periódico para buscar un nuevo trabajo. Pero todos le piden certificados y títulos. Y a Jim, en su escuela,  no le dieron certificados ni títulos, solo la Biblia y un cachete. Pero Jim no se rinde, y comienza a buscar oficios que sean emocionantes, peligrosos, aventureros…

Quizás sean Jim y su esposa Hilda lo mejor del álbum. Son dos de los personajes más humanos, sencillos y sinceros con los que me he topado a lo largo de mis variadas lecturas. Jim es ingenuo, se diría casi infantil. Sin apenas estudios pero con el sentido común propio de los que ven el mundo sin dobleces. Hilda apoya a su esposo incondicionalmente y le ayuda en sus descabelladas aventuras para ser vaquero o bandolero. Incluso participa de ellas. Pero Jim se encontrará con trabas que le impedirán conseguir sus sueños. Trabas como la burocracia, el dinero, la realidad. Nuestra realidad. Pues es como si Jim y Hilda navegaran por otro mundo. Un mundo enormemente sencillo y, con total seguridad, más feliz. 

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La estructura narrativa de Briggs es progresiva. De buscar trabajos reales, concretos, Jim va fantaseando cada vez con oficios más irreales y fantasiosos, hecho que provocará sus tropiezos y el agridulce final.

Briggs muestra un alarde del dibujo impresionante. Dota a cada elemento de la historia con su estilo adecuado. Así, Jim, Hilda y el mundo que gira sobre ellos (como la dependienta de la librería que guarda para Jim sus “Historias de Aventuras para chicos” preferidos) están dibujados con líneas suaves y redondas, que hace que empaticemos aún más con ellos. No así los que están fuera de ese mundo, que están dibujados con figuras geométricas, sin expresiones faciales, lo que nos provoca una sensación de rigidez que nos hace alejarnos de ellos. A destacar, las Splash-page, propias del cómic de superhéroes, que aquí son un recurso para mostrar las fantasías de Jim. En ellas se observa con claridad el talento como dibujante de Briggs, que se recrea en el dibujo llegando a plasmar con maestría, por ejemplo, la silueta de la Odalisca de Ingres.

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Resumiendo, el álbum me pareció genial. Consigue emocionarnos y sentirnos identificados con la pareja protagonista. Quizás, si hay que ponerle algún pero, se note demasiado el marco simbólico con el que quiere criticar el poder, la burocracia, la autoridad.

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“Gentleman Jim”, Raymond Briggs; Astiberri Ediciones, 2008

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