Como cada mañana…

Como cada mañana se refugió entre las sábanas durante unos instantes antes de sentarse al borde de la cama.

Como cada mañana se afeitó con el agua templada y se enjabonó la cara y las axilas para después rociarse con el desodorante.

Como cada mañana se vistió con la ropa que había preparado el día anterior y besó en la frente de su mujer que como cada mañana aún seguía dormida.

Como casi cada mañana tomó la linea 3 del metro, se procuró un asiento y dejó perder su mirada en la pantalla del móvil.

Como cada mañana se sintió miserable y agotado.

Como cada mañana tuvo que engañar a dos o tres ingenuos.

Como cada mañana la mañana se hizo tarde.

Y la tarde se hizo noche.

Y la noche era una mañana sin luz.

Como cada mañana se refugió…

2014-02-23 18.39.55

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Las dos caras de Peter Pan

El país de «Nuncajamás» no es sino la representación de todos los mundos fantásticos que niños de todas las generaciones reviven en su más temprana infancia. Y ese mundo será real mientras permanezcamos dentro de él. Mientras creamos ciertamente que los piratas vienen a por nosotros; que con el polvo de hada podemos elevarnos del suelo y luchar desde el aire y esquivar las balas de cañón. Es ese mundo de la infancia.

Pero hay dos visiones de esa edad pueril: una inocente, ingenua e inofensiva; otra oscura, compleja y reflexiva. Supongo que no hará falta decir cuál pertenece a la novela y cuál a la famosa película de animación de Disney… Estrenada el 5 de Febrero de 1953, la película fue un éxito de crítica y público. Walt Disney encargó el proyecto del guion a Milt Banta, guionista de «Alicia en País de las Maravillas» y, posteriormente, de «La Bella Durmiente». El texto era bastante extenso así que se limitó a seleccionar las escenas fundamentales.

Como ya dije la adaptación cinematográfica suaviza y a veces elimina las escenas que pudieran ser polémicas o demasiado oscuras para el público eminentemente familiar al que iba dirigido. El arranque de la historia es básicamente idéntico. No escamotean ningún personaje salvo la doncella, figura muy secundaria en la novela. Pero sí hay una diferencia importante. En la película, Wendy cuenta a Peter que al día siguiente crecerá porque será desplazada del cuarto de los niños, donde duerme ahora, a un cuarto para ella sola, como hacen los mayores. Cuando lo oye de inmediato quiere llevarla consigo para viajar al país de «Nunca Jamás» antes de que crezca y ya no pueda volver. En la novela, Peter persuade a Wendy para que se vaya con él diciéndole las maravillas de «Nunca Jamás» egoístamente -de hecho la arrastra hacia la ventana- sin importarle siquiera si podrá volver a casa o los peligros que pueda correr, solo interesado en los cuentos que podrá contarle. Pero este cambio obedece más a la obligada adaptación a la hora de pasar de un código narrativo a otro que a razones más moralistas o comerciales. Después de esta escena sí que el guionista aprovecha la descripción de la isla y de los piratas -incluyendo al Capitán Garfio- para incluir situaciones cómicas a modo de gags -como el afeitado de la gaviota o al pirata que disparan- que servirán para suavizar y eliminar cualquier elemento oscuro de la historia original. Más importante es, en mi opinión, la eliminación de ciertos elementos en la llegada de Wendy, sus hermanos, Peter Pan y Campanilla a «Nunca Jamás». Cuando todos se acercan volando hacia la isla, Campanilla despista a Wendy y la separa del grupo. Entonces va en busca de los niños perdidos y les convence de que Wendy es en realidad un gran pájaro blanco y de que Peter Pan les ordena que lo derriben y maten. Y es del más ingenuo e inocente de ellos del que se aprovecha Campanilla (Simplón o Lelo según las distintas versiones en castellano, Tootles en el original- algo así como el que es o se mueve con mucha pausa o tranquilidad-) para que dispare con su flecha a Wendy. Esta alcanza su objetivo y Wendy cae al suelo. Lo que es una acción terrible, y a punto de ser trágica de no ser por el colgante que lleva al cuello Wendy donde se le clava la flecha (una bellota que le dio Peter creyendo que era un beso), se convierte en mera travesura en la película. En ella tan solo le tiran piedras y flechas de madera que le hacen caer a pesar de no darle ninguna. Y otra diferencia fundamental es la conclusión de esta escena. En la película Peter Pan recoge en sus brazos a Wendy y baja con ella suavemente hasta el suelo, rodeándoles los niños perdidos con alboroto. En la novela Wendy cae al suelo y los niños perdidos la rodean creyéndola muerta. Simplón entonces se estremece, aterrorizado por Peter Pan, al comprobar que no es un pájaro sino una muchacha. Es en ese momento cuando llega Peter Pan y al creer también él que ha caído muerta al suelo, arranca la flecha y se revuelve contra quién la disparó, dispuesto a clavársela sin ninguna compasión. Pero Wendy le sujeta la mano y se lo impide, descubriendo todos que ella está bien. Los indios forman parte fundamental de la siguiente escena. Esta no existe en la historia original, si no que fue añadida por el guionista para sustituir la batalla que sucede en el lago de las sirenas en la novela. Después de que los indios hayan atrapado a Juan y Miguel y a los niños perdidos, los llevan a su campamento y los atan juntos en el tótem. En realidad es un simple juego inofensivo en el que se atrapan unos a otros para luego soltarse. Pero esta vez ha desaparecido Tigridia y no los soltarán hasta que les digan donde se encuentra. Será por supuesto Peter el que solucionará el entuerto cuando llegue con Wendy y Tigridia al campamento después de haberla salvado en el lago de las sirenas. Los indios ya no volverán a aparecer más a pesar de la importancia que sí tienen en la novela. Quizás sea por la ambigüedad que representan pues son un grupo al margen, independientes, que solo les une a Peter y los niños su odio a los piratas. Pero más bien me inclino que sea por meras cuestiones prácticas y que si les hiciera cobrar un mayor protagonismo el metraje sería demasiado largo. Una curiosidad -o más bien una actitud marcadamente machista- en esta escena. Cuando todos bailan alrededor del fuego una mujer india detiene a Wendy y le dice que ella no puede bailar con el resto pues, como mujer, debe limpiar y traer leña al campamento. Lo más sorprendente es que, aunque a regañadientes, lo hace en primera instancia -la segunda vez que se lo dice se marchará airada. Es un signo de la moral de la época -recordemos que es 1953- pero bastante significativo para ver cómo se marcaban los estereotipos de mujer. Sucede entremedias de esta escena un cambio importante con respecto a la versión literaria. Para descubrir el escondite de Peter Pan, el Capitán Garfio consigue engañar a Campanilla convenciéndola de que se llevará con ellos a Wendy para así tener a Peter para ella sola. Esta escena no existe en el libro. Campanilla no es engañada, los piratas descubren el escondite por ellos mismos de casualidad al sentarse sobre la chimenea del árbol. Por tanto, con este cambio lo que el guionista y los directores querían era marcar el carácter malvado de Garfio y redimir a Campanilla, pues después de saberse engañada ya definitivamente se pone del lado de los niños. Después llega ya el punto culminante de la película, el punto de máxima tensión dramática que llevara al plácido final. Una vez que averiguan el escondite atrapan a los niños y a Wendy y dejan un regalo a Pan que resulta ser una bomba (en la novela son cinco gotas de veneno que echa Garfio en la medicina que le daba Wendy a Peter). Entonces es Campanilla quien le salva en el último momento, ya de la bomba o del veneno, quedando malherida. Pan clama venganza y se lanza contra el Capitán en la que será la última batalla. Quizás lo más significativo de esta lucha final es la derrota de Garfio. Su fin en la película por supuesto sigue en la misma línea y huye cómicamente del cocodrilo junto a Smee, alejándose del barco. En la novela, Barrie nos deja entrever la compleja personalidad de Peter. Después de matar uno a uno a los piratas, lanzando al aire su aquí escalofriante canto del gallo, va a por Garfio dispuesto a la lucha final. Pero el pirata está desconcertado, confuso. El Capitán está aterrorizado. Llega a preguntar a Peter Pan quién es realmente y él solo contesta que la alegría y la juventud en un tono burlón y despreocupado que termina por volver definitivamente loco al Capitán. Ya no puede soportarlo más y acaba por suicidarse tirándose a las fauces del eterno cocodrilo. Luego llega ya, en la versión cinematográfica por supuesto, el final plácido y previsible.

Peter no es ese aventurero que corre junto a los indios y lucha contra los piratas, sino un niño atrapado en su propia imagen, anclado a una inmadurez constante, esa negación a crecer que en el fondo todos nosotros hemos deseado alguna vez. Un Peter andrógino y malencarado, soberbio y cruel con sus enemigos que no acepta que le contradigan. Pero para otros será solo esa imagen inocente del héroe puro, sin fisuras, que Disney nos ha proporcionado. Desde aquí recomiendo fervientemente adentrarse en la novela y descubrir esa otra cara de Peter que Disney no quiso mostrarnos. Y si os pica aún más la curiosidad, intentar leer su anterior versión teatral llamada «Peter Pan o El niño que no quería crecer» estrenada el 27 de diciembre de 1904. Es algo más amarga y oscura que su posterior versión en prosa, de 1911.

Pero no quería terminar este brevísimo ensayo sin mencionar el capítulo final de la historia que Disney no nos enseña. Es un final amargo y hermoso en el que se nos descubre la fragilidad de Peter, una lúcida visión sobre lo que significa crecer y tener que dejar atrás la magia de la infancia. Cuando creíamos en las hadas y luchábamos con los piratas. Todos excepto Peter Pan. Que seguirá volviendo a buscar a Wendy para la limpieza de primavera y después a su hija y después a la hija de su hija mientras, como dice Barrie, «los niños sean alegres, inocentes e insensibles».

Peter_Pan_by_EvelMash

Ilustración de Evel Mash

Bibliografía/Filmografía:

  • Peter Pan, James M. Barrie; Alianza Editorial, 2010
  • Peter Pan o el niño que no quería crecer; Ediciones Siruela, 2005
  • Peter Pan; Walt Disney Company ®, 1953

Tsumiki no le (La maison en petits cubes)

Cartel del cortometraje

Cartel del cortometraje

A veces te encuentras con sorpresas inesperadas. Con destellos de sensibilidad, de luz e inteligencia en forma de pieza de animación.

Tsumiki no le (La maison en petits cubes) es una historia aparentemente sencilla e intimista que nos habla de la memoria, de los recuerdos vividos, de la vida en definitiva. Kunio kato, su director, fue el segundo japonés en ganar un Óscar en el 2008 tras la célebre El viaje de Chihiro.  

Funde lo simbólico con lo real, adentrándonos en un mundo onírico y extraño pero familiar a un tiempo. Poco importa qué sucedió y cómo en esa tierra acuática y lejana. Lo que nos atrae es esa figura entrañable e hipnótica que lucha e intenta sobrevivir a pesar de todo, a pesar de ese mar que le va persiguiendo implacable. A ello también ayuda la técnica empleada en la animación, pues kato juega a darle apariencia tradicional, casi como si estuviera echo con planchas una a una, a la antigua usanza, pero que, sin embargo está realizado con las más novedosas herramientas informáticas.

Aquí lo dejo, espero que lo disfrutéis tanto como yo. Y no os asustéis, a pesar del título no está en francés ni en japonés, es un corto sin palabras.

Momo (o la extraña historia de los ladrones de tiempo y de la niña que devolvió el tiempo a los hombres) (1973), Michael Ende

Fue hace ya 36 años que apareció esta historia. Pero creo que aun no hemos aprendido demasiado de ella. Para quien quiera escuchar(o leer en términos estrictamente exactos) les contaré que sucede en una de esas ciudades cada vez más grandes, cada vez más pobladas y cada vez más solitarias.

Sucede en un apartado suburbio de esa gran urbe, habitado por gente humilde y cordial. En ese suburbio descansan las antiguas ruinas de un antiguo anfiteatro y bajo él, en una de sus cámaras medio derruidas por el paso de los siglos, vivía Momo.

Y es Momo, pequeña y bastante flaca, de una edad indefinida desde los siete a los trece años, que casi siempre iba descalza y que tan solo poseía nada más que lo que le regalaban o lo que encontraba por ahí, la protagonista sobre la que gira todo el sentido de la historia.

No obstante, claro está, están los hombres grises. Siempre en traje, corbata y maletín en mano; con un cigarrillo entre sus labios y el único deseo de consumir todo el tiempo de los hombres…

Los Hombres grises

Pero en su ayuda estará la tortuga Caisopea, siempre lenta aunque segura, y el maestro Hora, el guardian del tiempo.

Reflexión sobre el valor de las cosas, del cada vez más perdido arte de escuchar, del poder de la imaginación, de la libertad de ser uno mismo…

Fragmento:

– ¿Te gustan los acertijos?- le preguntó, como quien no quiere la cosa, mientras seguían su camino.

– ¡Sí! ¡Mucho!- contestó Momo-.¿Sabes alguno?

– Sí-dijo el maestro Hora, mirando sonriente a Momo-, pero es muy dificil. Muy pocos saben resolverlo.

– Eso está bien-dijo Momo-, así me lo aprenderé y se lo repitiré más tarde a mis amigos.

– A ver si lo adivinas- contestó el maestro Hora-. Atiende:

Tres hermanos viven en una casa:

son de veras diferentes;

si quieres distinguirlos,

los tres se parecen.

El primero no está: ha de venir.

El segundo no está: ya se fue.

Sólo está el tercero, menor de todos;

sin él, no existirían los otros.

Aún así, el tercero sólo existe

porque en el segundo se convierte el primero.

Si quieres mirarlo

no ves más que otro de sus hermanos.

Dime pues: ¿los tres son uno?,

¿o sólo dos?, ¿o ninguno?

Si sabes cómo se llaman

reconocerás tres soberanos.

Juntos reinan en un país

que ellos son. En eso son iguales.

El señor de las moscas (1954), William Golding

Un accidente de avión. Una isla desierta. Y un grupo de adolescentes aislados de la civilización. Así comienza una historia única, de las denominadas de aprendizaje o de transición a la vida adulta, pero que es mucho más que eso.

Es una novela sobre la condición humana, sobre la pérdida de la inocencia. De forma alegórica Golding nos muestra el choque entre el instinto salvaje que destruye el orden, representado por Jack; contra la armonía y la civilización representado por Raphl. La bondad (Simon), la cordura de la sociedad (Piggy), el pueblo común (los más pequeños) serán también otros elementos que aparecen representados.

Una caracola para ejercer el orden. Un jabalí ensartado en un vara afilada, un fuego al que mantener dará demasiados problemas, un suceso macabro y oscuro…

Fragmento:

Estaba de pie, en medio del polvo desencadenado por la lucha, y cuando la tribu advirtió su intención los vítores se transformaron en un prolongado abucheo. Piggy alzó la caracola; el abucheo cedió un poco para surgir después con más fuerza.

—¡Tengo la caracola!

Volvió a gritar:

—¡Os digo que tengo la caracola!

Sorprendentemente, se hizo el silencio esta vez; la tribu sentía curiosidad por oír las divertidas cosas que diría. Silencio y pausa; pero en el silencio, un extraño ruido, como de aire silbante, se produjo cerca de la cabeza de Ralph. Le prestó atención a medias, pero volvió a oírse. Era un ligero «zup». Alguien arrojaba piedras; era Roger, que aún tenía una mano sobre la palanca. A sus pies, Ralph no era más que un montón de pelos y Piggy un saco de grasa.

—Esto es lo que quiero deciros, que os estáis comportando como una pandilla de críos.

Volvieron a abuchearle y a guardar silencio cuando Piggy alzó la blanca y mágica caracola.

—¿Qué es mejor, ser una panda de negros pintarrajeados como vosotros o tener sentido común como Ralph?

Se alzó un gran clamor entre los salvajes. De nuevo gritó Piggy:

—¿Qué es mejor, tener reglas y estar todos de acuerdo o cazar y matar?

De nuevo el clamor y de nuevo: «¡Zup!».

Ralph trató de hacerse oír entre el alboroto.

—¿Qué es mejor, la ley y el rescate o cazar y destrozarlo todo?

Ahora también Jack gritaba y ya no se podían oír las palabras de Ralph. Jack había retrocedido hasta reunirse con la tribu y constituían una masa compacta, amenazadora, con sus lanzas erizadas. Empezaba a atraerles la idea de atacar; se prepararon, decididos a llevarlo a cabo y despejar así el istmo. Ralph se encontraba frente a ellos, ligeramente desviado a un lado y con la lanza preparada. Junto a él estaba Piggy, siempre en sus manos el talismán, la frágil y refulgente belleza de la caracola. La tormenta de ruido les alcanzó como un conjuro de odio. Roger, en lo alto, apoyó todo su peso sobre la palanca, con delirante abandono.

La roca dio de pleno sobre el cuerpo de Piggy, desde el mentón a las rodillas; la caracola estalló en un millar de blancos fragmentos y dejó de existir. Piggy, sin una palabra, sin tiempo ni para un lamento, saltó por los aires, al costado de la roca, girando al mismo tiempo. La roca botó dos veces y se perdió en la selva. Piggy cayo a más de doce metros de distancia y quedó tendido boca arriba sobre la cuadrada losa roja que emergía del mar.

Fotograma de la película basada en la novela

“Los niños tontos”, Ana María Matute

Relatos desde el débil, desde el cobarde, desde el feo, el jorobado, desde el profundamente triste,… Desde la mirada de aquellos niños a los que nadie se atreve a mirar, a los que son diferentes, niños que ven el mundo con otro espejo que no es el nuestro, como si se les hubiera clavado en el fondo de sus pupilas el mismo diminuto cristal que lo hiciera en el pequeño Kay en aquel famoso cuento de Andersen.

Quizás estos relatos sean demasiado crudos y crueles incluso para un adulto, pero de ellos se puede absorber toda la esencia de lo que llamamos vida. El desgarro de perder definitivamente la infancia, del conocimiento de la muerte, de ti mismo…

Fragmento:

Todos los días, cuando volvía del colegio, el niño que soñaba miraba aquella gran ventana del palacio. Dentro de la ventana había un árbol. El niño no lo podía comprender, y ni siquiera en sueños podía explicarselo. Alguna vez le decía a su madre: “En ese palacio, dentro de la habitación, al otro lado del cristal de la ventana, tienen un árbol”. La madre le miraba con ojos serios y fijos. De pronto, parecía que tenía miedo, y le ponía la mano en la cabeza: “No importa, niño,” le decía. Pero el recuerdo del árbol perseguía al niño fuera de sus sueños. “Vi el árbol ayer por la mañana y ayer por la tarde, dentro de la habitación. Los de ese palacio tienen un árbol en el centro de la sala. Yo los he visto. Es el árbol gemelo del que vive en la acera, dentro de su cuadrito de tierra, entre el cemento. Sí, madre, es el árbol gemelo, les vi ayer hacerse muecas con las ramas.” Como no podía ya pensar en otra cosa, hasta sus sueños le abandonaron. Cuando llegaron los días sin mañana, sin tarde, ni noche, cuando la mano de la madre se quedaba micho rato en su frente, para frenar su pensamiento, el niño buscaba afanosamente en el suelo de su cuartito y debajo de la cama: “Tal vez el árbol me vaya buscando por debajo de la tierra, y vaya empujando la tierra, y vaya empujando la tierra, y me encuentre.” El miedo de la madre le llegaba al niño a la garganta y sus dientes castañeaban. “No importa, niñó.”

Por fin, un día, vino la noche. Entró en el cuarto y se lo llevó todo. “Madre, qué árbol tan grande”, dijo el niño, perdido entre sus ramas. Pero ni siquiera oía ya la voz que repetía: “No importa niño, no importa”.

Portada

Recomiendo encarecidamente esta edición en particular editada por Media Vaca, que al magistral texto se unen las envidiables y magníficas ilustraciones de Javier Olivares.